Hace ya algunos años desistí de mudarme de la casa de mis padres porque en el departamento que había rentado encontré un dedo cercenado en el cuarto de baño. Olviden la frustración que sentí cuando los policías tranquilamente lo escondieron entre sus ropas e insistieron que todo había sido producto de mi imaginación y que lo mejor sería que no me anduviera imaginando cosas. Lo peor fue pensar que en el edificio de departamentos habitaban mayormente familias, las que probablemente desconocían, o no, a las actividades que se realizaban en los departamentos contiguos. Por recomendaciones de varias personas no insistí en el asunto y de inmediato cancelé el contrato de arrendamiento.
Después de esa experiencia saqué la conclusión de que el lugar más seguro seguía siendo la casa de mis padres. Lamentablemente hace 15 días ocurrió un asesinato a cinco casas de donde vivo. Amarraron, torturaron y finalmente ejecutaron a un vecino médico. La muerte de cualquier persona es lamentable, sin embargo, el hecho de que ésta se haya producido a partir de un hecho violento es algo que me pone mal. No entiendo la sangre que debe tener una persona para arrebatar sin más la vida de otra.
El descubrimiento del cuerpo del médico, lamentablemente por parte de su hijo, afectó a la mayoría de los vecinos, que de inicio no sabíamos mayores detalles del asunto. A partir de lo que se ha contado que se vió y escuchó aquel jueves por la noche, fue como se podido saber más de lo que ocurrió. ¿Y la policía?, bueno qué justicia se puede esperar si los encargados son los mismos que hace ya un tiempo intentaron secuestrar a otro vecino.
En serio, en dónde estamos viviendo.