Ayer, para llegar a la estación del metro Chapultepec después de la tormenta, tuve que trepar por una de las jardineras de Reforma, luego tuve que saltar a la barda del bosque y caminar por ahí, agarrándome fuerte de las rejas para no caer en la inundación. Mientras hacía todo esto pensaba en la ventaja de no utilizar normalmente la combinación falda-medias-zapatillas porque de haberlo hecho mis habilidades como primate se hubieran visto en serios aprietos.
Una vez superada la inundación y de camino al metro tuve la oportunidad de ver las diferentes reacciones de la gente ante la fuerte lluvia y las terribles consecuencias que ésta ha provocado en la ciudad, en este particular momento. En situaciones similares la mayoría de los automovilistas, temerosos por quedar atrapados en las interminables filas de autos, ignoran a toda autoridad y a todo reglamento y se aventuran a realizar intrépidas maniobras que tan sólo empeoran la situación y que, por supuesto, no los hace llegar más temprano a sus destinos. Los peatones no somos la excepción en cuanto a incivilidad se refiere y de manera general también anteponemos nuestra comodidad obteniendo igualmente terribles resultados.
Todos queremos transitar por los lugares menos inundados, todos queremos encontrar la vialidades despejadas, todos queremos llegar temprano a nuestras casas porque TODOS tenemos cosas que hacer. Si tenemos todo en nuestra contra lo menos que podemos hacer para equilibrar un poco la situación es practicar un poco más la cortesía, que no es una estupidez, al contrario de lo que estos tiempos nos quieren hacer creer.
Thursday, August 24, 2006
Tuesday, August 15, 2006
Bendito ejercicio
Desde hace dos semanas mis diarias caminatas hacia el trabajo, por las mañanas, y hacia la estación de metro, por las tardes, me han devuelto la condición física que necesitaba para no quedarme sin aliento por tan sólo subir las escaleras del museo. Es una vergüenza que lo diga pero desde hace mucho tiempo mi único ejercicio era el abdominal diario que realizo por las mañanas al levantarme de la cama.
Nunca he logrado ser tan disciplinada como para seguir una regular rutina de ejercicios. También ha influido, aunque suene a pretexto, el hecho de que el tiempo libre del que dispongo no es el adecuado debido a los largos recorridos que hago de mi casa al trabajo y viceversa.
Hace algún tiempo me inscribí, junto con una compañera de trabajo, a un gimnasio cerca del museo. Lamentablemente, debido a los numerosos compromisos de mi compañera tuve los pretextos justos para no asistir más, así que dejé ropa para ejercicio recién comprada esperando en el cajón hasta la siguiente oportunidad, misma que aún no ha llegado.
Mientras que muchas personas de las que conozco optan por una rutina de ejercicios a consecuencia del temor que les provoca el sobrepeso, yo, que tengo el problema contrario, estoy considerando seriamente el hecho de crear una disciplina de ejercicios porque a raíz de las caminatas de las últimas semanas mi apetito se ha incrementado considerablemente y he logrado hacer las cinco comidas recomendadas por el médico. Ya era hora de empezar a cuidarme mejor.
Nunca he logrado ser tan disciplinada como para seguir una regular rutina de ejercicios. También ha influido, aunque suene a pretexto, el hecho de que el tiempo libre del que dispongo no es el adecuado debido a los largos recorridos que hago de mi casa al trabajo y viceversa.
Hace algún tiempo me inscribí, junto con una compañera de trabajo, a un gimnasio cerca del museo. Lamentablemente, debido a los numerosos compromisos de mi compañera tuve los pretextos justos para no asistir más, así que dejé ropa para ejercicio recién comprada esperando en el cajón hasta la siguiente oportunidad, misma que aún no ha llegado.
Mientras que muchas personas de las que conozco optan por una rutina de ejercicios a consecuencia del temor que les provoca el sobrepeso, yo, que tengo el problema contrario, estoy considerando seriamente el hecho de crear una disciplina de ejercicios porque a raíz de las caminatas de las últimas semanas mi apetito se ha incrementado considerablemente y he logrado hacer las cinco comidas recomendadas por el médico. Ya era hora de empezar a cuidarme mejor.
Wednesday, August 02, 2006
Con la paciencia de Job
Vivo en Ecatepec y trabajo en Reforma así que los campamentos de resistencia han afectado mi camino diario. Anticipando el caos del día lunes opté por tomar la vía larga al utilizar el metro. Al salir de la estación Auditorio tuve que caminar los diez minutos hacia el museo y en el trayecto me encontré con gente que, aprovechando la ausencia del tránsito vehicular, utilizaba bicicletas, motocicletas y patines para desplazarse a lo largo de Reforma. Muchas de las ardillas que viven en el Bosque de Chapultepec también aprovecharon la falta de automóviles para bajar de los árboles y buscar con mayor detenimiento el alimento del día, sin el temor de ser aplastadas por los conductores.
La mayoría de mis compañeros de trabajo se han quejado amargamente de todos los inconvenientes que les han ocasionado los manifestantes. Algunos de ellos tienen automóviles y han sufrido por los problemas viales y por no encontrar estacionamiento cercano. Otros, que utilizan el transporte público, al igual que yo, han sufrido por caminar los diez minutos que representan el trayecto de Auditorio-museo o Chapultepec-museo. La verdad es que por ahora no me he quejado y he aprovechado el ejercicio, que me ha sentado bastante bien considerando mis hábitos completamente sedentarios.
Efectivamente la afectación a terceros ha sido la constante en esta manifestación, sin embargo, me pregunto cómo es que podemos quejarnos si ni siquiera somos capaces de pensar un poquito en los demás. Nada más un ejemplo, tres de mis compañeros tienen automóviles. Una de mis compañeras, por un problema de rodillas, tiene dificultades para caminar medianas distancias. Por qué ninguno se ha ofrecido para llevarla a la estación de metro más cercana. ¡Claro!, es más fácil quejarse y tildar de egoístas a los demás. Más allá de las cuestiones políticas, es un asunto de sentido común.
La mayoría de mis compañeros de trabajo se han quejado amargamente de todos los inconvenientes que les han ocasionado los manifestantes. Algunos de ellos tienen automóviles y han sufrido por los problemas viales y por no encontrar estacionamiento cercano. Otros, que utilizan el transporte público, al igual que yo, han sufrido por caminar los diez minutos que representan el trayecto de Auditorio-museo o Chapultepec-museo. La verdad es que por ahora no me he quejado y he aprovechado el ejercicio, que me ha sentado bastante bien considerando mis hábitos completamente sedentarios.
Efectivamente la afectación a terceros ha sido la constante en esta manifestación, sin embargo, me pregunto cómo es que podemos quejarnos si ni siquiera somos capaces de pensar un poquito en los demás. Nada más un ejemplo, tres de mis compañeros tienen automóviles. Una de mis compañeras, por un problema de rodillas, tiene dificultades para caminar medianas distancias. Por qué ninguno se ha ofrecido para llevarla a la estación de metro más cercana. ¡Claro!, es más fácil quejarse y tildar de egoístas a los demás. Más allá de las cuestiones políticas, es un asunto de sentido común.
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