Casi toda mi vida, la excepción fue el corto periodo de tiempo en el que viví en Querétaro, he vivido en el Estado de México, justo a cinco minutos de la caseta de Ecatepec de la autopista México-Pachuca, por tanto estoy bastante acostumbrada a realizar largos recorridos para hacer casi cualquier cosa.
Toda mi educación primaria y secundaria la cursé en un colegio particular de la zona de Acueducto de Guadalupe, al norte de la ciudad, lo que hacía que la mayoría de mis compañeros vivieran en la zona de Lindavista y por tanto yo tuviera pocas oportunidades de aceptar las invitaciones a comer o a ver la televisión con mis amigos. A pesar de que en ese entonces no había tanto tráfico, el traslado de la escuela a la casa, por medio del autobús escolar, era largo y todavía lo era más cuando la ruta exigía ir primero a Ojo de Agua.
El tiempo del recorrido se extendía por poco más de 30 minutos, los justos para tuvieramos la oportunidad de contar alguna película durante el trayecto. De hecho, como el relato, en ocasiones, resultaba bastante detallado ocupaba el recorrido de la mañana, de la casa a la escuela, y de la tarde, de la escuela a la casa. Muchos recuerdos guardo de aquellos viajes en los que también organizabamos pequeñas reuniones en las que las jícamas, betatabeles y zanahorias con chile no podían faltar. En ese entonces nunca me quejé de la "lejanía" de mi casa respecto de la escuela, al contario.
Para el periodo en que cursé la preparatoria, el cambio de escuela se hizo necesario y mis papás optaron esta vez por una escuela cercana. De todas formas, las dificultades, por vivir lejos, comenzaron. Había tantos lugares a donde ir, películas por ver, conciertos a los que asistir, que poco a poco tuve que buscar la forma de poder hacerlo sin depender directamente de mis padres, claro, no podía pedirles dinero y nunca me hubieran dado el permiso. Así que bajo la premisa de "más vale pedir perdón que pedir permiso", durante ese tiempo me inventé muchas amigas que por supuesto vivían en el Distrito y claro, todas me invitaban a comer, al cine e incluso a quedarme a dormir. La verdad era un poco alejada de lo que yo les contaba a mi familia, en realidad hacía tareas y trabajos escolares a cambio de cierta cantidad, misma que posteriormente utilizaba para pagar la entrada al cine, al concierto y en ocasiones pagar el hotel de paso en el que me quedaba por no tener que hacer el peligroso regreso a la casa, vaya ironía.
La época de la universidad no cambió la situación y digamos que sólo acrecentó los problemas puesto que ahora la escuela fue nada más y nada menos que la UNAM, Ciudad Universitaria, en específico. Por supuesto que mi estancia allí provocó que yo pasara el menor tiempo en mi casa, que seguía tan lejos como siempre.
Ahora, trabajando en el museo las cosas no son muy diferentes, debido al tráfico, la lejanía a aumentando y el recorrido diario se ha extendido hasta llegar a dos horas y media. Por eso, justo ahora cuando estoy viendo la posibilidad de comprar un departamento en el Distrito Federal, al sur de la ciudad, mi abuela me dice "oye pero ¿Te vas a ir a vivir tan lejos?" y como personaje de Condorito me voy de espaldas pensando, "exijo una explicación".
4 comments:
Así es... la pregunta obligada ¿algún día la ciudad vendrá a nosotros? porque yo sigo creyendo que vivo en provincia
Es verdad, pero yo más bien sólo duermo en provincia ;)
No manches, el spam en los comentarios está grueso. Todo lo enlodan...
Saluditos desde el otro extremo de la ciudá.
Híjole, qué barbaros, en fin. Yo también te mando muchos saluditos E.
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