Friday, March 17, 2006

Viernes

Hoy me levanté temprano, a las 5:30, como siempre y me preparé como si tuviera que salir a trabajar, pero no lo hice, me quedé un rato más en casa porque tenía que recoger un paquete a la oficina postal, que abre hasta las 9 de la mañana. Desayuné sin prisas, le apliqué su tratamiento a mi tortuga y tranquilamente me fui caminando para recoger mi paquete. De regreso a mi casa pensé lo bueno que sería quedarme en ella, al menos por un día, y poder teminar así con unos pendientes personales, pero tampoco lo hice, decidí venir al trabajo y en el camino me tocó presenciar un terrible accidente.

Ambulancias, conté ocho, pasaron delante mío, los bomberos de la estación cercana ya trabajaban en el lugar, el ambiente en la zona se impregnó del aroma que pienso era el aceite quemado de la camioneta que también resultó afectada. Las imágenes me impresionaron bastante, de inmediato se me hizo un nudo en la garganta, cerré los ojos y pensé en las personas que se encontraban en aquel autobús. Al rebasar la zona del accidente no pude dejar de pensar en esas personas, adolescentes según supe después. Durante el comienzo de mi trayecto en Metrobús rumbo a Reforma me acompañó el ulular de las ambulancias que se dirigían al Hospital de Magdalena de la Salinas, el paso de cada ambulancia me provocaba una oleada fría en el cuerpo, me hacía cerrar los ojos. Volví a dedicar mis pensamientos a las personas afectadas, esperando que se encontraran lo mejor posible.

A horas de todo aquello y después de ir conociendo la magnitud de la tragedia, sólo espero poder llegar a mi casa, ver a mis papás, a mis hermanos, saber que ellos están bien, pero no dejo de pensar en todos esos adolescentes que ya no llegarán a sus casas y no puedo evitar que los ojos se me llenen de lágrimas.

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