Tuesday, February 28, 2006
Lunes de concierto
Ayer, a pesar de que no lo tenía planeado, fui a ver a The Sisters of Mercy al Salón 21. Puedo asegurar que no estaba muy emocionada con el hecho de asistir a dicho evento pero lo hice sólo porque mi cuñada me pidió que la acompañara y porque estoy segura que ella habría hecho lo mimsmo por mí.
Al llegar al Salón 21 pude identificar varios rostros conocidos entre la multitud pero a ninguno de ellos se les notaba el suficiente entusiasmo como para justificar su presencia en el lugar, más parecían insectos arrastrados hacia una luz brillante que un público convencido de que presenciaría un buen espectáculo. En fin, afortunadamente el concierto empezó muy puntual, cosa que me sorprendió y me tranquilizó puesto que tendría que regresarme a mi casa en transporte público, tal y como había llegado.
Andrew Eldritch y compañía comenzaron su actuación en medio de una densa neblina ocasionada por el abuso del hielo seco, el cual ya figura como sello distintivo en sus diversas presentaciones. Los movimientos de la delgada figura de Eldritch sobre el escenario provocaban que los asistentes lanzaran intermitentes gritos de euforia, que de manera general se mantenían impasibles ante las figuras envueltas en la neblina.
La noche avanzaba y las canciones sonaban sin que hicieran mayor mella en el ánimo de los espectadores, quienes únicamente festejaron al escuchar This Corrosion, Dominion/Mother Russia, Temple of Love y Lucretia My Reflection.
Cuando el grupo no apareció más en el escenario y se encendieron las luces me quedé con la extraña sensación de haber presenciado un concierto, en lunes por la noche, de una banda que no graba desde hace más de diez años después de haber perdido a varios integrantes con el paso del tiempo.
Sólo en una cosa me quedé pensando de regreso a mi casa, cuál fue la razón para que alguien les gritara a los músicos "Por qué tardaron tanto en regresar", de verdad que no lo entiendo.
Al llegar al Salón 21 pude identificar varios rostros conocidos entre la multitud pero a ninguno de ellos se les notaba el suficiente entusiasmo como para justificar su presencia en el lugar, más parecían insectos arrastrados hacia una luz brillante que un público convencido de que presenciaría un buen espectáculo. En fin, afortunadamente el concierto empezó muy puntual, cosa que me sorprendió y me tranquilizó puesto que tendría que regresarme a mi casa en transporte público, tal y como había llegado.
Andrew Eldritch y compañía comenzaron su actuación en medio de una densa neblina ocasionada por el abuso del hielo seco, el cual ya figura como sello distintivo en sus diversas presentaciones. Los movimientos de la delgada figura de Eldritch sobre el escenario provocaban que los asistentes lanzaran intermitentes gritos de euforia, que de manera general se mantenían impasibles ante las figuras envueltas en la neblina.
La noche avanzaba y las canciones sonaban sin que hicieran mayor mella en el ánimo de los espectadores, quienes únicamente festejaron al escuchar This Corrosion, Dominion/Mother Russia, Temple of Love y Lucretia My Reflection.
Cuando el grupo no apareció más en el escenario y se encendieron las luces me quedé con la extraña sensación de haber presenciado un concierto, en lunes por la noche, de una banda que no graba desde hace más de diez años después de haber perdido a varios integrantes con el paso del tiempo.
Sólo en una cosa me quedé pensando de regreso a mi casa, cuál fue la razón para que alguien les gritara a los músicos "Por qué tardaron tanto en regresar", de verdad que no lo entiendo.
Monday, February 13, 2006
Un nuevo comiezo
Querido M, después de mucho tiempo has comenzado a cumplir tu sueño. Poco a poco verás como todo va tomando forma. El amor y la paciencia te procurarán un hermoso resultado.
Tuesday, January 31, 2006
Mi clase de Educación Física
Cuando era niña detestaba la clase de Educación Física, me parecía un terrible pretexto para restarle quince minutos a mi clase favorita, la de Inglés. Supongo que la mayoría de los niños no compartían mi opinión pero yo prefería estar sentada en el salón de clases y escuchar la lección, a estar en el patio o el jardín y tener que soportar el calor o el frío, según la temporada. Por supuesto que lo peor no era el clima sino el profesor que invariablemente daba órdenes desde el comienzo de la clase. El calentamiento iniciaba y el no movía nada más que su boca, puesto que contaba las múltiples series de ejercicios que nos ordenaba repetir: "Uno, dos, tres, cuatro, ¡Vamos, no se queden paradas o volverán a hacer el ejercicio!
Así continuaba la clase y mientras todas sudabamos él se mantenía tan fresco como una lechuga. Sus únicos esfuerzos consistían en los que realizaban sus cuerdas vocales y sus pulmones porque también era un aficionado al silbato. En ese entonces me imaginaba cómo el profesor, fuera de la escuela, podía llevar una conversación normal, si la mayoría de las veces terminaba las palabras con un silbatazo o utilizaba una técnica en donde alternaba palabras y pitidos.
Nunca me he podido explicar por qué siendo él un experto en la Educación Física, nunca hizo siquiera una flexión para recoger cualquier objeto que se le escurría de sus rechonchas y torpes manos. Siempre se limitó a ordenarnos algo que nunca en su vida había hecho, como correr alrededor del campo de fútbol de la escuela.
A qué viene todo esto, pues sencillo, a que acabo de recibir un correo cadena en donde se enumeran diversos estereotipos del "odiado jefe". De verdad que me hizo pensar en el mío y en su parecido con mi profesor de Educación Física.
Malditos correos cadena, cómo quitan el tiempo, pero cuántas anécdotas nos recuerdan.
Así continuaba la clase y mientras todas sudabamos él se mantenía tan fresco como una lechuga. Sus únicos esfuerzos consistían en los que realizaban sus cuerdas vocales y sus pulmones porque también era un aficionado al silbato. En ese entonces me imaginaba cómo el profesor, fuera de la escuela, podía llevar una conversación normal, si la mayoría de las veces terminaba las palabras con un silbatazo o utilizaba una técnica en donde alternaba palabras y pitidos.
Nunca me he podido explicar por qué siendo él un experto en la Educación Física, nunca hizo siquiera una flexión para recoger cualquier objeto que se le escurría de sus rechonchas y torpes manos. Siempre se limitó a ordenarnos algo que nunca en su vida había hecho, como correr alrededor del campo de fútbol de la escuela.
A qué viene todo esto, pues sencillo, a que acabo de recibir un correo cadena en donde se enumeran diversos estereotipos del "odiado jefe". De verdad que me hizo pensar en el mío y en su parecido con mi profesor de Educación Física.
Malditos correos cadena, cómo quitan el tiempo, pero cuántas anécdotas nos recuerdan.
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