Desde hace tres semanas que tengo a mis nuevos bebés (dos tortuguitas de orejas rojas) lo primero que hago al levantarme es revisar cómo se encuentran, generalmente ellas están dormidas a esa hora, pero hoy por la mañana me llevé un gran susto al darme cuenta de que sólo una de ellas permanecía en el tortuguero. La otra, como ya se le ha vuelto costumbre, decidió salir por medios propios a explorar los alrededores. La verdad es que me resulta sorprendente verla utilizar a la otra tortuga como escalón para alcanzar el borde del tortuguero y una vez que lo logra, estirarse lo más posible e impulsarse hacia adelante, logrando salir de lo que a ella le parece más una prisión que un hogar.
Hasta ahora he estado al pendiente de las constantes aventuras de esta pequeña, sin embargo, al llegar la noche me he despreocupado porque al igual que yo se dedicaban a dormir en ese tiempo, bueno, al menos eso creía hasta hoy. Inmediatemente después de descubrir la ausencia de la traviesa cuidadosamente la busqué por los alrededores y pude encontrarla pero estaba tan seca como una pasa y no parecía dar señales de vida. Rápidamente la coloqué en el agua y tardó un par de minutos en reaccionar, sacar su cabecita y mirarme con sus dos ojitos negros, ese fue mi alivio.
Después de esto he resuelto aceptar la pecera que Blanca me ha ofrecido porque quiero evitar más sustos. Aunque sé que este cambió supondrá los gastos necesarios para equiparla debidamente, tendré la posibilidad de ofrecerles un hábitat confortable y a prueba de escapistas.
1 comment:
Pues ya te has tardado con la pecera, porque sigue esperando que pases por ella.
Post a Comment