Thursday, May 18, 2006

La anhelada sala vacía

Cuando mi hermano mayor y yo eramos pequeños mis padres nos llevaban al cine de manera frecuente y generalmente eran ellos quienes elegían las películas pero siempre pensando en que la diversión fuera para todos. Al principio, cuando aún no sabíamos leer, ellos, con voz muy baja, nos leían los subtítulos. Así transurrió el tiempo hasta que tal práctica no fue necesaria y cada quien los podía leer para sí mismo.

Durante esa época los cines que frecuentábamos eran el Palacio Chino, Futurama, Lindavista, Cuitláhuac así como los Multicinemas Aragón. En otras ocasiones, las más divertidas, acudíamos al autocinema que se encontraba por Ciudad Satélite. La ventaja de ir al autocinema era que también podíamos ver películas que difícilmente hubieramos ver podido en los cines debido a nuestra corta edad. La trampa allí consistía en que como las funciones, por obvias razones, eran más tarde, mis papás nos podían acomodar en la parte trasera del automóvil y argumentar que estábamos dormidos. De esa manera pudimos ver películas como Mad Max (George Miller, 1979) o The Elephant Man (David Lynch, 1980) mientras disfrutabamos nuestras pastillas PEZ y nuestras palomitas.

A pesar de que en ese entonces eramos niños nunca se nos antojó correr por la sala ni dar maromas como muchos otros niños acostumbraban. Nosotros preferíamos quedarnos en nuestro lugar, ansiosos de que las luces se apagaran para poder disfrutar de la función. El permanecer tranquilos y callados nunca fue una imposición por parte de nuestros padres sino que más bien fue la asimilación natural del mundo adulto en el que generalmente nos desenvolvimos.

Ahora, a diferencia de aquellos tiempos, el ir al cine es una experiencia completamente diferente, sobre todo porque muchos de los niños que en ese entonces daban piruetas frente a la pantalla ya han crecido y al parecer su espíritu inquieto los ha motivado a no quedarse expectantes a lo que ocurre en la pantalla así que no paran y hablan con sus acompañantes, hablan con sus padres, amigos, novios y jefes por sus teléfonos celulares y salen y entran a la sala según lo demanden sus múltiples actividades. Por favor señores si van al cine dedíquense únicamente a disfrutar de la película y procuren atender a las reglas básicas de convivencia y buena educación.

Ahora rezo (ja ja ja) para que las próximas veces que vaya al cine sean como el domingo pasado, en el que mi hermano y yo entramos a una sala con capacidad para más de 300 personas y estuvimos únicamente nosotros disfrutando la función: Slither (James Gunn, 2006). Sólo se escuchaban nuestras risas así como los chomp-chomp y ñam-ñam, patrocinados por nuestro inmenso bote de palomitas.

2 comments:

Anonymous said...

Totalmente de acuerdo contigo. Es increible como a los papas ya no les importa ni preocupa si sin niños molestan a los demas en la sala.

Anonymous said...

(quize decir si sus niños)